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¿Nos das una mano? ¡Por favor! [Priv. Ayame]

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¿Nos das una mano? ¡Por favor! [Priv. Ayame]

Mensaje por PyroFlames el Dom Jun 03, 2018 7:07 pm

Ciudad Hen. La ciudad perfecta, llena de amor y diversidad. Un paraíso en la tierra para todos sus habitantes a pesar del calor que azotaba la isla. Algunos de los citadinos eran afortunados por tener sus aires lavados y climas en casa, algunos incluso se daban la oportunidad de salir y disfrutar de un bien merecido descanso en los centros recreativos esparcidos por la ciudad, como el parque de diversiones.

Pero... ¿Qué tan cierto es esa parte de "paraíso en la tierra"?

¡Tú nunca me escuchas!— alegó una jovencita castaña, echándose la toalla al hombro.

¡Quizás pudiera hacerlo si no me saturaras la cabeza con tus gritos!— exclamó un muchacho de piel blanca y ojos azules detrás de ella.

¡Debería volver con mi madre, humph!— amenazó al darse la media vuelta y cruzarse de brazos.

¿¡Ah, sí?! ¡Adelante, nadie te detiene!— vociferó. Quizás nadie sabría mejor que él lo mucho que le dolían aquellas palabras, pero estaba tan harto de las discusiones que si esto terminaba con ellas bien lo haría.

¿Ahora yo soy la de la culpa?— balbuceó la muchacha.

Ah, no... No voltees las cosas a tu gusto, Penelope— se llevó una mano a la nariz, apretando suavemente el tabique entre su dedo pulgar e indice. Ya sabía este discurso de memoria.

¡Tienes a otra, estoy segura!— Bingo, lo dijo.

¡Ahora con eso! ¡Ya te dije que no! Son puras imaginaciones tuyas y...¿Quieres detenerte un momento y escuchar lo que quiero decir?— caminó detrás de ella.

¡No! ¡Ya tuve suficiente de tus excusas, estoy harta!— apresuró el paso, antes que él la atajara por el costado para seguir con el discurso.

Mientras tanto unos ojos rojizos observaban aquella escena, apretando los dedos fuertemente alrededor de los romboides formados por el trenzado de metal de aquella valla. El jovencito no podía dejar de mirar, con cierto pesar, aquella escena.

Abeeeeeel, ¿Por qué no me dejas ir? ¡Necesito resolver esto ahora mismo!— lloriqueó quejumbroso al sacudir la valla entre sus dedos.

Ya te lo dije, Calliel, no podemos pasar sin pagar la entrada y no podemos acceder sin la supervisión de un adulto.

¡Pero no es necesario!— echó la cabeza para atrás, doblando su espalda con flexibilidad.

Claro que sí. Las reglas son reglas, Calliel— habló tranquilamente.

¡Pero podemos volar! ¿De qué sirven nuestras alas entonces, eh? ¡Dime!

Pero aquí hay reglas, Calliel... Estamos en el mundo humano, recuérdalo.

¡Waaah!— exclamó el chiquillo, armando un pequeño berrinche mientras que escuchaba a los jóvenes detrás de la barda. Se le quebraba el corazón con cada acusación y lágrima que alguna de las dos partes le reclamaba a la otra. Si fuera por él, ya habría saltado aquella división con o sin alas para arreglar aquel desacuerdo que, en realidad, era bastante bobo entre la pareja.

Por favor, no hay que discutir esto. Mejor a buscar alguna otra forma de entrar o... ¿Eh? ¿Dónde está Elion?— cuestionó el jovencito de cabellos verdosos, mirando de un lado al otro en busca de su hermano perdido.

A unos metros, el albino se había acercado a varias personas que por ahí pasaban. Intentaba convencerlos de ayudarles a pasar, pero muchos de ellos simplemente negaban con vehemencia o ni siquiera se dignaban a dirigirle la mirada. Con pesar, el muchachito giró sobre sus talones y se encaminó hasta una mujer mayor, que parecía bastante sola. Charlo un momento con ella y le explicó la situación: Él y sus hermanos querían entrar en el parque acuático, pero les permitían entrar sin la supervisión de un adulto. Así, pues, el muchachito terminó por convencerla para que les ayudara. Entendiéndo lo que su hermano mayor estaba haciendo, Calliel saltó de la cerca y llegó corriendo frente a la dama, uniendo las palmas de sus manos frente a su rostro suplicante.

¡PorfavorPorfavorPorfavorPorfavorPorfavorPorfavorPorfavor!— atropelló las palabras.

Elion — #ffff33
Calliel — #ffccff
Abel — #99ffcc
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Re: ¿Nos das una mano? ¡Por favor! [Priv. Ayame]

Mensaje por AyameChan el Miér Jun 06, 2018 8:54 pm

Era cierto que adoraba trabajar en mi negocio, quizás no prosperaba a pasos agigantados como las grandes cadenas del mismo tipo de local, pero siempre me aseguraba de que cada uno de mis postres, bebidas y, bueno, todo lo que sirviera en mi repostería/cafetería fuese de la máxima calidad. No había cosa más satisfactoria para mí que ver a un cliente satisfecho marcharse con una sonrisa y saber que yo contribuí, al menos en cierta medida, a que ello ocurriera. Y nunca puse eso como pretexto para no ser una buena madre, adoraba a mis niños y no me molestaba en lo absoluto pasar tiempo con ellos, pero todos requerimos un descanso de vez en cuando, por lo que tras pensarlo seriamente y asegurarme de que fuera factible, pagué tiempo extra a mi querida ayudante y me decidí a venir a tomarme un viernes libre, que mal no me venía desde luego.

Los niños estaban en la escuela, así que esto no sería un reemplazo de trabajar en la cafetería a trabajar para asegurarme de que ninguno se matara entre sí con sus juegos bruscos. Una de las desventajas de ser una canina, y tener hijos, es que la edad del cachorro estaba llena de energía que tenía que ser liberada con una gran dosis de hiperactividad, especialmente ahora que se encontraban en la edad de cambiar sus colmillos de leche y afilar sus colmillos, era necesario siempre mantenerles el ojo encima para que no mordieran algo peligroso o destrozaran la tapicería de los sillones... o mis zapatos... o los de sus hermanos... o los suyos propios. Era un trabajo de tiempo completo en el que definitivamente la paciencia debería de reinar, seguro que me merecía un premio nobel de la paz sólo por no molerlos a golpes llegados a este punto... para su fortuna, nunca me había gustado usar la violencia para arreglar las cosas, una que otra palmadita, pero siempre prefería usar otros medios. Afortunadamente, hasta ahora me estaba funcionando, firme pero sin ser una tirana.

Me había cambiado en el interior de mi camioneta y salí con mi traje de baño, ignoraba por completo las miradas que recibía y simplemente me dedicaba a seguir con lo mío. Al tener pelaje el sol no era especialmente un problema en cuanto a las quemaduras, pero sin duda alguna tampoco quería deshidratarme por el calor. Llevaba una canasta de comida y una maleta con un par de cambios de ropa, entre otras cosas que quizás necesitaría, ya saben, el típico equipamiento al momento de ir a un parque acuático, no eran demasiadas cosas en realidad, sólo lo necesario para mí.

Cuando avancé fue interceptada por un muy tierno niño albino, el cual comenzó a explicarme cierta situación, querían entrar al parque acuático pero las normas exigían que tuviesen la compañía y concentimiento de un adulto para poder ingresar, esto era evidentemente para evitar que surgieran accidentes inesperados. Los salvavidas estaban a la orden del día, pero entre decenas de personas no era seguro que estos pudiesen caer en cuenta de específicamente todo lo que sucedía con exactitud, siempre era mejor que los menores fuesen acompañados. Me lo pensé por un momento, no planeaba darle demasiadas vueltas pero en eso otro niño, esta vez de facciones más finas y un cabello blanquecino que tenía cierto toque de castaño -uno muy claro- comenzó a pedir de forma suplicante que les concediera aquel favor.-Uh... Bueno...-Tras considerarlo un misero segundo concluí que sería buena idea tener algo de compañía, además, parecía ser que tenían una razón más además de simplemente querer entrar al parque.-De acuerdo, pueden contar con mi "supervisión".-Dije con una sonrisa.

Al parecer no eran solamente dos chicos, sino tres.-Aunque... asumo que tendrán otra razón para querer entrar con tanta insistencia, ¿no?.-Comenzaba a caminar a su lado, de tener que hacer eso que tanto les urgía entonces simplemente me tocaría esperarlos. De cualquier forma, no parecían tener malas intenciones.


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Re: ¿Nos das una mano? ¡Por favor! [Priv. Ayame]

Mensaje por PyroFlames Ayer a las 6:55 pm

¡Sí!— exclamó triunfante el pequeño Calliel, levantando el puño en el aire con entusiasmo. Aquella amplia sonrisa solo confirmaba su dicha.

Mientras aquel muchachito vitoreaba al tiempo de buscar sus cosas, el más alto de los tres jovencitos se acercó donde la canina e inclinó ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento.

Abel no estaba muy seguro de contarle toda la verdad a aquella mujer, así que optó por darle una explicación que pudiera ser más comprensible.

Disculpe las molestias, no somos de por aquí y no sabíamos que necesitaríamos de la supervisión de un adulto hasta que llegamos al principio de la cola— explicó antes de tender su diestra en pos de saludo —. Buena tarde, mi nombre es Abel— sonrió —. Creo que ya conoce a mi hermano Elion y a nuestro hermano Calliel. Está algo...entusiasmado.

El peliblanco se había retirado con un ligero movimiento de cabeza para ayudar a su hermano más pequeño con las tres mochilas que llevaban.

¿Puedo ayudarla con sus cosas?— continuó Abel con total disposición, siendo de los tres hermanitos el más cercano a la antropomorfa en aquel momento.

Calliel estaba muy atento al otro lado de la reja, mientras que Elion parecía inmerso en sus propios asuntos. El pequeño ángel del amor no podía contar los segundos para correr a tocarles el hombro a la pareja y así resolver sus conflictos. Al ser tan jóvenes los tres, necesitaban de contactos más directos para que sus obras dieran algún fruto con respecto a los terrenales. El mundo estaba plagado de estos pequeños niños que obraban de maneras misteriosas, ayudando a las personas de una u otra manera y sin que los más grandes se percataran de manera consciente. Algunos ni siquiera recordaban sus nombres, o las facciones de aquellos niños que, de alguna manera, se habían dado a la tarea de asistirles.

La expresión en el rostro del pequeño castaño podía leerse como una gran emoción ante la idea de entrar al parque acuático, y aunque no estaba del todo equivocado porque se le antojaba un sitio bastante entretenido en el cual podría estar a gusto por horas y horas en el agua, de verdad que necesitaba curar aquellos dolidos corazones.

Cuando llegaron al frente de la cola, el guardia les inspeccionó con la mirada... de nuevo.

Humm..., ¿No habían pasado por aquí antes?— cuestionó antes de volver la mirada a la mayor con ojos suspicaces —¿quién es la dama que les acompaña, eh?— parecía que habría de iniciar con un tremendo cuestionario antes de dejar que los cuatro pasaran, hasta que Abel se adelantó para posar su palma sobre el antebrazo del guardia con una sonrisa serena.

Gracias por su interés, oficial— comenzó el muchachito —es una amiga de la familia y nos hará el favor de acompañarnos esta tarde. No se preocupe demasiado.

En ese momento, las facciones del hombre parecieron volverse menos duras y asintió con la cabeza al momento de tomar unos brazaletes y colocarlos en las muñecas de los cuatro sin hacer muchos más cuestionamientos.

Vale, pues, que tengan una buena tarde.

Una vez que pasaron los cuatro, Calliel le entregó las maletas a Elion con gran entusiasmo y corrió de manera despreocupada al filo de la piscina, provocando que varias personas al rededor alzaran, como mínimo, una ceja ante esa conducta tan imprudente. Se detuvo a unas cuantas sillitas de la pareja que había captado su atención en un primer momento, con la excusa de encontrar un buen sitio junto a la alberca.

Abel le miraba con una ligera desaprobación, pues de los tres hermanos, era el más recto y que respetaba las reglas con mayor frivolidad. Calliel por su parte... no las miraba muy de cerca, pues como bien se dice: tanto en la guerra como en el amor, todo es válido.

Elion por su parte, simplemente camino junto a la canina, mirándola de soslayo de vez en cuando.

No me gusta ser entrometido, pero ya que estamos bajo la mira del guardia sería extraño no conversar un poco. Así que... ¿Qué hace por aquí esta tarde?— le preguntó con cierto interés.

Elion — #ffff33
Calliel — #ffccff
Abel — #99ffcc
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