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Lo que empieza bien, termina... ¿bien? || Priv. Jinx

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Lo que empieza bien, termina... ¿bien? || Priv. Jinx

Mensaje por PyroFlames el Dom Nov 19, 2017 4:30 pm

«No es una víctima.» Es todo lo que aquel robusto hombre con la placa colgada del cinturón podía pensar.

«No es una víctima. Ella es una puta.» Y por horrible que pudiera sonar, aquello era cierto.

Ciertamente su pensamiento radicaba en su propio prejuicio. Una mujer como aquella, sentada con la espalda erguida, vestida con aquel sencillo vestido de color negro de tirantes y cuya falda apenas llegaba al medio muslo, las medias opacas y oscuras, esos zapatos de tacón cuya altura rayaba lo absurdo, y aquellos finos labios pintados de color vino.

Tan guapa. Tan perfecta como una muñeca.

Sus ojos verdes resaltaban en su rostro, como siempre, más aún gracias al trabajo de maquillaje por el que cualquiera sentiría envidia y cuestionaría en qué salón de belleza se lo habrá hecho, sin pensar que probablemente ese trabajo se debiera a sus hábiles manos y buen sentido del gusto.

No. Ella no puede tener buen gusto. Es una puta. Por eso está aquí esta noche, sentada en la banca de la celda con la muñeca esposada a la barra a pesar que se trata de la criatura menos peligrosa detrás de aquellos barrotes. O quizás fuera una forma de salvarla, ya que del otro lado de la celda, a unos cuantos pasos, estaba aquel otro sujeto. Según había escuchado la pelinegra, aquel era un alborotador; y por lo que veía, tenía suerte de estar esposado a la barra o ya habría dado por piso gracias a la intoxicación por alcohol.

El perfecto rostro aniñado de aquella mujer volvió a contraerse con desagrado y pena ajena al momento que su acompañante de celda soltó un fuerte eructo y se llevó el dorso de la mano libre hasta su nariz para cubrirla.

Ugh... Dios— exclamó y giró la cabeza hacia otro lado.

Del otro lado de las barras, el celador dejó escapar una risilla burlona. La mujer puso los ojos en blanco.

Pero qué desagradable— dijo en voz alta, esperando que aquel oficial regordete y de prominentes entradas le escuchara. Sin embargo, dejó aquella frase al aire para defenderse de manera pasiva. No podía confrontarle de manera directa, en aquella situación. Estaba metida en el calabozo, simplemente esperando por que le dieran su maldita llamada para ponerse en contacto con Samara y que enviara a alguien para recogerla tan pronto pudiera.

—Disculpe, majestad— la voz ronca y befa del oficial retumbó por el lugar —. Creí que le agradaría tan distinguida compañía— e hizo una pausa para hinchar el pecho y suspirar con pesadez para añadir desidia a su comentario— Aunque, bueno, no sé de qué te quejas. No creí que alguien como tú— y paseó sus grandes ojos saltones por el cuerpo de la mujer de manera para nada sutil —tuviera gustos tan refinados.

Ella rió.

Vaya, ¿Qué habré hecho yo para merecer tanto desprecio, huh?— cuestionó, ladeando la cabeza y le miró fijo —Quizás... ¿Una relación..? Heh, sí... ¿Una novia? Ah, ya veo... ella ni siquiera supo que estabas ahí, ¿Verdad?— le escudriñó con la mirada.

—Por que las personas como tú, me repudian.

Sí, seguro que sí. Y eso no tiene nada que ver con el hecho de que ella ni siquiera reconozca tu existencia— sonrió —. Digo, no tiene nada de malo, ¿eh? Recuerdo todas las caras que pasean por mis calles, eh...

El oficial abrió la boca, pero no salió nada de sus labios puesto que en ese momento, de fondo, les interrumpió un chirrido y pasos acercarse.

Zsofía pareció escuchar un gruñido por parte del otro y, con una sonrisilla, se alzó de hombros.

Parece que nuestra conversación se acabó, oficial— y cruzó la rodilla sobre la otra antes que el hombre rechoncho soltara los brazos y, exhasperado, se dirigiera donde la salida con una expresión malhumorada.

Ella, por su parte, cerró los ojos un momento y echó la cabeza para atrás, dejando que su cabello corto se reclinara en los barrotes, esperando que el siguiente oficial de turno fuera igual de divertido que el Oficial Morris.
Zsofía Faragó — #66ff99
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Re: Lo que empieza bien, termina... ¿bien? || Priv. Jinx

Mensaje por explosiveJINX el Dom Nov 19, 2017 6:22 pm

Lo había escuchado todo desde lejos. En lontananza sabía que aquel oficial estaba frustrado por algo en casa, no le daban asco ese tipo de mujeres porque sabía perfectamente que frecuentaba burdeles de la ciudad a troche y moche cada vez que se peleaba con su gorda y fea mujer. Sabía a la perfección lo que pasaba por su cabeza y sin embargo no parecía brindarle asco alguno la fémina, si no la actitud del hombre que decía ser un oficial de policía, un carcelero bajo su mando; bufó levemente y se empezó a aproximar a aquella celda que parecían estar compartiendo dos personas en específico. La voz del licántropo resonó de una forma bastante bélica, haciendo leve eco en aquellos pasillos del calabozo.

Windsor. — saludó el carcelero.
¿Así saludas a tus superiores? — preguntó el peligris mirando con desdén al hombre. Viró su mirar hacia un lado fijándolo por unos segundos tanto en la muchacha como en el borracho que parecía bastante chistoso ya jodiendo a los demás; volvió su ver hacia el rostro regordete del carcelero dedicándole una expresión no furiosa, pero sí lo suficientemente seria como para que le "doliera". — De seguro te encantaría que ese tipo estuviera en mejor estado para que se lanzara encima de la muchacha, ¿no es así? ¿Qué tanto asco te puede dar alguien a quien tú le pagarías para tener sexo contigo cada vez que te peleas con tu mujer? — le cuestionaba de una forma bastante directa dejando avergonzado al hombre. Este, queriendo escudarse y hacerse el recto osó directamente proteger su poca dignidad mirando con odio a la fémina prostituta por unos segundos antes de volver a ver a los ojos del licántropo mayor.

¿Qué dices? Sabes bien que yo no follo con putas, menos de estas baratas que andan agitando el coño en medio de la calle como si nada.
¿Cómo dices? ... ¿Que no follas con putas? Por favor, ¿qué te has tomado para delirar así? Si vienes siempre vitoreando a las cortesanas que te has agarrado en el burdel cuando te peleas con tu mujer como si fuese la cosa más envidiable del mundo. Gastas el sueldo que debería ir para la educación y cuidado de tus hijos en prostitutas. — hizo una pausa fugaz, mostrando un ceño fruncido y tomando del cuello de la camisa al contrario antes de que tuviera oportunidad de hablar. — ¿Te recuerdo cuando llegaste rascándote las ingles porque te habías agarrado ladillas de una puta que agarraste en la calle? Puto asqueroso, go fuck yourself ... You fucking hypocrite! — exclamó garrando de la nuca al hombre y empujándolo para que saliera de allí cuanto antes. No quería verle la puta cara de nuevo por el resto de la noche. Y aunque no fuese su turno, él como Sheriff debía ver que todo estuviera en orden tarde o temprano, era su responsabilidad como quien mandaba más allí.

Abrió la celda rápidamente, indicándole a la muchacha que saliera de esta. — Deja que se duerma la mona solo. — ordenó, en un tono de voz bastante neutral a decir verdad. Y es que había en él un atisbo de lógica, por más policía que fuera eso no significaba que inmediatamente le daba derecho de ser un hijo de puta abusando de su poder; una vez la contraria saliera de la celda, le tomaría de una muñeca por si las moscas y deseaba escapar aunque veía en su cara que no lo intentaría ... o eso quería creer. La llevó hasta una celda que no tenía a nadie dentro, ¿por qué meterles todos juntos cuando había libres de sobra? Y de nuevo ahí entraba en juego el abuso de poder, algo que Adam detestaba en demasía, le parecía cobarde y estúpido a la vez.

¿Aquí estás mejor? — preguntó, acomodándose las gafas. Siquiera sonreía, tan solo mostraba una expresión seria. Se sentó frente a ella una vez le permitió el acceso a la celda y cerró tras él, con las llaves en una mano girando en su dedo índice. — Cuéntame ... ¿Qué fue lo que pasó para que estés aquí? Que yo sepa prostituirse en ciertas zonas de Ciudad Hen no hace que te metan dentro de una celda, menos en la Zona Roja. — confiaba en que si estaba allí es que intentó prostituirse en uno de los lugares que no debía hacerlo. Pero, también cabía otra posibilidad más grande ... que el oficial que la estaba maltratando así resultó rechazado por ella, y de ahí surgía todo lo demás.


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Re: Lo que empieza bien, termina... ¿bien? || Priv. Jinx

Mensaje por PyroFlames el Sáb Dic 02, 2017 11:10 pm

Esperaba muchas cosas, demasiadas a decir verdad, pero lo que sucedió le había tomado por sorpresa.

Mantuvo sus ojos cerrados, inmutable e impasible al escuchar una tercera voz varonil dentro de aquella calabozo apestoso. Y, con gran fuerza de voluntad, se dispuso a mantenerse quieta y no intervenir de ninguna manera en aquel encontronazo que hubo entre lo que aparentemente era el oficial Morris y su jefe. Contuvo la gracia, las risas locas mientras que aquella potente voz que tenía un ligero toque cansino echara al hombre rechoncho con más que una palabra, por el golpetazo que la morena alcanzo a escuchar.

Por poco se parte de risa con aquellos pasos presurosos y, con ligereza y soltura, procurando no demostrar demasiado interés, entreabrió uno de sus párpados para encontrarse con el dueño de voz gruesa y, con una sonrisa ladina, inclinó la cabeza a manera de saludo y silencioso agradecimiento.

Con cuidado, se puso de pie. No aguantaba los tacones a pesar de estar acostumbrada a ellos... había caminado bastante aquella tarde y el hecho de haber forcejeado con aquel calvo infeliz hace unas horas no le ayudó para nada.

Hum... ¿Te importaría quitármela?— pregunta suavemente y, con un gesto de cabeza, señala su muñeca izquierda. Una vez libre saldría presurosa de aquel sitio antes de dedicarle una sonrisita ladina al mayor cuando éste le sujetó de la muñeca. Puso los ojos en blanco —No correré, si eso es lo que te preocupa— aquella sonrisa, una que bien podría ser considerada felina, no abandonó aquel rostro en ningún segundo. Incluso al ser guiada hasta la otra celda, la joven azabache parecía andar con un temple y andar calmado.

Entró en la celda como si se tratara de una habitación cualquiera y se sentó rápido en la banca que estuviera más cercana a sus pies antes de cruzar una rodilla sobre la otra y frotarse los talones con las manos. Se notaba algo cansada.

Estoy... tan bien como puedo— ladeó la cabeza para poder verle mejor desde aquella postura —. Windsor, me supongo. Te lo agradezco, es grato descubrir que aún hay personas rectas por esta ciudad y no todos somos unos descarrilados...

Y continuó sonriendo con aquella sonrisa que bien podría ser de un minino o de una joven moza, tan inocente como hermosa... en apariencia, al menos.

Parece que son buenos amigos, se llevan tan bien— mencionó con sarcasmo, después se cruzó de brazos y bufó exasperada; las injusticias le ponían de muy mal humor, más cuando se cometían en contra suya.

Si necesitas que rinda mi declaración, solo dímelo... he olvidado cómo se hace eso después de tantos años laborando de manera legal— mencionó, haciendo un guiño extraño con sus palabras y aquel ligero acento que recordaba a las partes centrales de Europa, aunque no se tenía muy de acuerdo de dónde esta tal cual —. Lo cierto es que yo estaba en el sitio que me corresponde— dijo al tiempo que alzó los hombros con un ligero toque de indiferencia, parecía que hablaba como de la lluvia o algo parecido en aquel momento —. Quizás sea buen momento para cuestionarse quiénes son buenos elementos a su disposición. Digo... sus oficiales son de carne blanda, sheriff.

Reclinó la espalda, mirando al peligris con aquellas orbes verdes y atrayentes.

Una cosa, ¿No tengo derecho a una llamada?

Zsofía Faragó — #66ff99
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